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Consumo de cannabis en los adolescentes

 

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Antes y ahora del consumo de cannabis en la adolescencia
Se percibe una diferencia clara en el consumo de cannabis en los adolescentes de hoy en día, en los que el carácter lúdico que tenía antaño ya no es uno de los principales motivos. Ha dejado de ser un consumo ocasional para convertirse en un consumo habitual y masivo, donde la frecuencia y cantidad se disparan. No es extraño que el primer porro sea después de desayunar, antes de entrar en clase, y el segundo en el recreo. Se le ha perdido el respeto a la sustancia, banalizándola y clasificándola de inocua. Por ejemplo se hacen falsas comparaciones con el alcohol, definiendo a este como el único perjudicial. Hemos dejado de saber hasta qué punto, para el adolescente, supone su consumo, también, la afirmación de su persona y grupo de amigos, así como la rebeldía contra el mundo adulto.

Riesgos del consumo
De igual manera sabemos que si el consumo se instaura como habitual puede aparecer un cuadro de desmotivación, apatía, bajo rendimiento general, tendencia al aislamiento, personas evitativas que les cueste afrontar lo que les toca, uso del cannabis como escape o refugio, aumento de inseguridades y miedos, confusión mental, deterioro de las relaciones, dificultad en la toma de decisiones… En la adolescencia además el riesgo es mayor por estar el cerebro en construcción todavía, y las manifestaciones clínicas aumentan, pudiendo correlacionar con psicosis, neurosis, trastorno de personalidad…

Consumo y sociedad
Al igual que hablamos de familias adolescentes cuando existen hijos adolescentes quizá podríamos hablar también de una sociedad adolescente frente al creciente consumo de cannabis, al que no estamos sabiendo darle un enfoque adecuado, con descoordinación entre los propios adolescentes, sus familias, el sistema educativo, el sistema de salud y el sistema político. Quizá estemos dentro de un efecto péndulo, en el que venimos de una época dictatorial donde todo estaba prohibido, pasando, ahora que los hijos de entonces somos padres, a una época donde existe una permisividad excesiva. Quizá una legalización futura del consumo pudiese encontrar una coordinación más adecuada entre todos los implicados y lleguemos a un consumo más responsable.

La comunicación en familias con adolescentes

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En este tipo de familias el adolescente ya no puede contar con sus padres como lo hacía antes, pues estos ya no son capaces de arreglarlo todo. Además contar con ellos sería mantener una unión íntima que ahora se considera amenazadora e impropia. En este momento empezarán a ir resolviendo ellos mismos sus dudas, con la ayuda de sus amigos. Los padres debemos de dejar claro que seguimos ahí, disponibles para cualquier confidencia que quieran hacernos. También debemos dejarles claro que la familia no es un grupo de iguales, y que, como padres, somos los responsables de su educación, entendiendo la posibilidad de negociar con ellos determinadas cosas en función de su edad y buen hacer.

Características de la adolescencia (12-18 años)
Estas edades son aproximadas, pudiendo variar en función de la personalidad y las circunstancias de cada persona. Aparece la preocupación por su cuerpo y la propia imagen. Dan más importancia al grupo de amigos que a la familia. Buscan su propia identidad, separándose poco a poco de nosotros. Experimentan las primeras relaciones con intimidad, en las que la sexualidad es muy importante. Aparecen emociones incontroladas, que vienen y van. Cuando algo les sale mal tienden a hundirse, o al contrario, cuando les sale bien sienten que todo es posible. Quieren tener todos los derechos de un adulto, pero sin asumir sus responsabilidades. Necesitan aceptar normas para aprender a ser adultos. Necesitan el reconocimiento de sus padres, también, teniendo el derecho a equivocarse.

Características de esta comunicación

La comunicación en familias con hijos adolescentes ha de seguir las siguientes pautas

  • Ha de concordar lo que se dice con cómo se dice: Una buena noticia la daremos en tono agradable, una reprimenda no la damos riéndonos, si queremos mostrar atención miraremos a la cara…
  • Para solucionar un conflicto debemos elegir adecuadamente el lugar y el momento de la comunicación.
  • No debemos criticar al adolescente, sino sus comportamientos, dejándole claro que le respetamos y aceptamos.
  • Intentemos ponernos en su lugar, para entender mejor su estado de ánimo y compartirlo con él.
  • Tenemos que hacerle ver que le escuchamos, mantenerle la vista, afirmar sus palabras, respetar sus silencios… En caso de desacuerdos siempre habrá algo en lo que sí estamos de acuerdo, y debemos señalarlo.
  • Evitar mensajes tipo “porque lo digo yo y punto”. Ya no sirve la mera autoridad para resolver conflictos, como cuando eran niños. Esto puede ser vivido por ellos como una provocación.
  • Al contrario la excesiva tolerancia puede llevarles a buscar hasta donde pueden llegar, por muy lejos que sea.
  • Si nuestros actos, gestos, palabras, son agresivos, no podemos esperar respuestas de respeto o cariño.
  • Combinando la imposición de límites y la negociación, el adolescente desarrolla mucho más su autocontrol, siempre y cuando la autoridad que se ejerce sobre él está basada más en el amor que en el miedo.